Flexibilidad e improvisación no son lo mismo

Una reforma integral necesita capacidad de adaptación. Durante la ejecución aparecen nuevas informaciones, cambios y soluciones que pueden obligar a revisar lo previsto.

La diferencia está en adaptarse sin perder de vista el conjunto. Eso es flexibilidad. Resolver únicamente el problema inmediato sin entender sus consecuencias es otra cosa.

¿Cambiar de plan significa que una obra está mal gestionada?

En una obra, cambiar de plan no significa necesariamente que algo esté mal gestionado.

De hecho, en muchos proyectos sería preocupante lo contrario.

Una reforma evoluciona. Aparece información que antes no teníamos, una solución puede mejorar cuando vemos el espacio construido, un proveedor plantea una alternativa más adecuada o una decisión del cliente obliga a revisar una parte del proyecto.

Ser capaces de adaptarnos a todo eso es necesario.

Pero adaptarse no es improvisar.

Para mí, la diferencia está en algo bastante sencillo: la flexibilidad cambia una decisión sin perder de vista el conjunto; la improvisación resuelve el problema inmediato sin saber demasiado bien qué está provocando alrededor.

Flexibilidad e improvisación pueden parecer lo mismo desde fuera

Desde fuera pueden parecer lo mismo.

En ambos casos alguien modifica una solución sobre la marcha.

La diferencia suele verse después.

Una decisión flexible parte de entender por qué existía la solución anterior, qué queremos preservar y a qué otras partes del proyecto afecta el cambio.

Puede tomarse rápido, pero no se toma aislada.

La improvisación, en cambio, suele nacer de la urgencia.

Hay que resolver algo hoy, encontramos una salida que parece funcionar y seguimos adelante.

El problema no siempre está en esa solución.

Puede ser perfectamente válida.

El riesgo está en que nadie haya recorrido sus consecuencias.

Y en una obra compleja, las consecuencias rara vez terminan donde empieza el cambio.

Para ser flexible hay que conocer bien el proyecto

Creo que solo puedes ser realmente flexible cuando sabes qué partes pueden moverse y cuáles no.

Si conocemos bien el proyecto, podemos distinguir entre aquello que forma parte de su intención esencial y aquello que admite alternativas.

Podemos cambiar un sistema constructivo sin alterar el resultado buscado. Sustituir un proveedor manteniendo la calidad prevista. Reprogramar una secuencia sin comprometer la fecha final. O simplificar una solución porque hemos encontrado otra forma de conseguir lo mismo con menos dificultad.

Eso es flexibilidad.

No consiste en defender a toda costa la primera solución que apareció en un plano o en un presupuesto.

Consiste en saber qué objetivo había detrás y encontrar otra manera de alcanzarlo cuando las circunstancias cambian.

¿Planificación y flexibilidad son conceptos opuestos?

Por eso cuanto mejor se ha estudiado una obra, más capacidad existe para adaptarse.

Puede parecer contradictorio.

A veces asociamos planificación con rigidez y flexibilidad con una forma más espontánea de trabajar.

En mi experiencia ocurre bastante al revés.

Cuando tienes claro el objetivo, las dependencias, el coste y el plazo, dispones de más margen para modificar el camino.

Cuando no tienes esa información, cada cambio es una apuesta.

Una solución alternativa necesita entender el contexto

Durante la ejecución aparecen continuamente situaciones en las que hay varias maneras de resolver un mismo problema.

Un industrial puede proponer cambiar un material, modificar un sistema de fijación o ejecutar un encuentro de otra forma porque considera que será más sencillo, más rápido o más fiable.

Muchas veces tendrá razón.

El conocimiento de quien finalmente fabrica o instala algo es enormemente valioso y, en determinados detalles, puede aportar soluciones mejores que las inicialmente previstas.

Pero una alternativa técnicamente mejor para una especialidad no es automáticamente una mejor solución para el proyecto.

Quizá modifica el acabado que quiere el arquitecto. Puede alterar una medida que necesita otro proveedor. Tal vez reduce dos días de ejecución pero introduce tres semanas de suministro. O puede solucionar un problema físico aumentando significativamente el coste.

La cuestión no es rechazar la propuesta.

Es ponerla en contexto.

Los equipos pluridisciplinares ayudan a tomar mejores decisiones

Ahí vuelve a aparecer la necesidad de trabajar con equipos pluridisciplinares.

A veces una solución puede validarla directamente el jefe de obra.

En otras habrá que contrastarla con el arquitecto, con otro industrial o con el cliente.

La organización debería permitir hacer eso con rapidez, sin convertir cada decisión en un procedimiento pesado.

Porque flexibilidad también significa velocidad.

Pero una velocidad con criterio.

Una decisión de obra no termina cuando decidimos cambiar algo

Hay otro rasgo que diferencia bastante bien ambos conceptos.

Una decisión flexible intenta cerrar también sus consecuencias.

Si cambiamos algo, actualizamos a quien corresponda, revisamos las medidas afectadas, confirmamos el impacto económico o reprogramamos el trabajo necesario.

La decisión no termina cuando alguien dice “hagámoslo así”.

Termina cuando el cambio se ha incorporado de verdad al proyecto.

Improvisar suele significar trasladar el problema hacia adelante

La improvisación suele funcionar de otra manera.

Resuelve el asunto que tenemos delante y deja que las siguientes consecuencias se descubran cuando aparezcan.

Entonces empiezan las excepciones.

“Esto lo ajustaremos cuando llegue el carpintero.”

“Ya veremos cómo encontramos la instalación.”

“Cuando venga el marmolista decidiremos la junta.”

Individualmente, cualquiera de esas frases puede ser razonable.

Hay cosas que necesariamente se resuelven más adelante.

El problema aparece cuando ese “ya veremos” no es una decisión consciente, sino simplemente una manera de trasladar el problema al siguiente momento.

Flexibilidad también significa saber qué podemos dejar abierto y hasta cuándo.

Una buena obra necesita margen para cambiar sin perder el rumbo

No creo que una buena ejecución sea aquella en la que todo ocurre exactamente como estaba previsto meses antes.

En proyectos singulares, eso probablemente sería imposible.

La realidad va aportando información y un buen equipo debería ser capaz de utilizarla para mejorar lo que está construyendo.

Pero tampoco creo en una obra permanentemente reactiva, donde cada jornada empieza resolviendo aquello que ayer quedó pendiente.

Entre ambos extremos está el espacio que intentamos buscar.

Planificar lo suficiente para entender las consecuencias.

Definir lo necesario para poder avanzar.

Mantener abiertas las decisiones que todavía pueden mejorar.

Y disponer de una organización capaz de reaccionar cuando algo cambia.

¿Qué diferencia realmente flexibilidad de improvisación?

Para mí, eso es flexibilidad.

No tener un plan que nunca se modifica, sino tener suficiente control para poder modificarlo sin perder el rumbo.

Porque en una reforma compleja tendremos que adaptarnos muchas veces.

La cuestión es si cada adaptación mejora el proyecto o simplemente consigue que podamos seguir avanzando un día más.

Ahí está la diferencia entre flexibilidad e improvisación.

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