La diferencia no está en que nunca aparezcan problemas, sino en cómo se gestionan cuando aparecen

Cuando empieza una obra existe una expectativa perfectamente razonable: que las cosas salgan bien y que no haya sorpresas.

En una reforma compleja, sin embargo, pueden aparecer incidencias incluso cuando el proyecto está bien estudiado. La diferencia está en cómo conseguimos entenderlas, compartir sus consecuencias y devolver el proyecto a una situación de control.

Hay una expectativa bastante comprensible cuando alguien contrata una constructora: que las cosas salgan bien y que no haya sorpresas.

Y ese tiene que ser el objetivo.

Pero en una reforma compleja, pretender que nunca aparezca ningún problema probablemente no sea una expectativa realista. Hay elementos ocultos que solo descubrimos al abrir, piezas que llegan con un defecto, medidas que no coinciden exactamente con lo previsto, proveedores que se retrasan o soluciones que, una vez ejecutadas, no funcionan como esperábamos.

También puede ocurrir que una decisión cambie durante la obra y obligue a revisar algo que ya estaba encaminado.

Todo eso puede suceder incluso en proyectos bien estudiados y con buenos profesionales.

Para mí, la diferencia empieza entonces. No tanto en poder decir que nunca hemos tenido un problema, sino en qué hacemos cuando aparece uno.

Una incidencia tiene siempre una parte técnica, económica o de planificación que necesitamos resolver, pero también tiene otra dimensión: cómo responde el equipo, cómo se comparte la información y cómo se toman las decisiones a partir de ese momento.

A veces esta segunda parte termina siendo casi tan importante como la primera.

Antes de resolver un problema en obra, hay que entenderlo

Cuando aparece un problema existe una presión bastante natural por encontrar una solución inmediata. La obra tiene que seguir avanzando y nadie quiere que una incidencia empiece a bloquear trabajos posteriores.

Pero resolver demasiado rápido algo que todavía no entendemos bien puede añadir un segundo problema encima del primero.

Antes de decidir qué hacer necesitamos saber qué ha ocurrido, por qué, qué elementos afecta y qué consecuencias reales puede tener. No para iniciar una búsqueda de culpables, sino para reconstruir correctamente la situación.

Puede existir una responsabilidad clara de un industrial. Puede haber una decisión previa que ahora comprobamos que no fue acertada. Puede tratarse de una condición de la obra que era imposible conocer antes de abrir. O puede ser simplemente la suma de varias pequeñas circunstancias.

Entender esa diferencia es importante porque condiciona la solución.

Cuando aparece una incidencia, es fácil dedicar demasiada energía a discutir quién tenía razón y demasiado poca a ordenar qué tenemos que hacer a partir de ahora. Las responsabilidades deberán aclararse, especialmente si existe un coste asociado, pero primero necesitamos recuperar el control del proyecto.

Y recuperar el control significa convertir el problema en algo que podamos gestionar.

A todos nos aporta poco recibir únicamente la noticia de que “tenemos un problema”. Lo que necesitamos es entender qué ha ocurrido, qué alternativas existen, qué efecto tendrá cada una sobre el resultado, el plazo o el coste y cuándo necesitamos tomar una decisión.

En ocasiones habrá una única salida razonable. En otras tendremos varias opciones. Quizá una proteja mejor la calidad pero requiera más tiempo; otra permita mantener la programación con alguna renuncia; o exista una tercera que implique un coste mayor pero conserve mejor la intención original del proyecto.

Gestionar bien una incidencia no debería consistir simplemente en trasladarla. Deberíamos intentar transformarla en una decisión manejable.

Eso requiere trabajo previo: hablar con quien corresponda, comprobar alternativas, valorar costes, entender el impacto sobre la programación y llegar a la conversación con suficiente información para que la decisión pueda tomarse con criterio.

No siempre tendremos todas las respuestas desde el primer momento. Pero sí deberíamos poder explicar con claridad qué sabemos, qué falta por comprobar y qué estamos haciendo para resolverlo.

¿Cuándo debe comunicarse una incidencia durante una obra?

Cuando todo funciona, trabajar bien juntos es relativamente sencillo.

El momento más delicado llega cuando hay que explicar que una pieza no llegará a tiempo, que algo debe rehacerse o que una solución que hace unas semanas parecía correcta ahora creemos que conviene cambiar.

Ahí aparece una tentación comprensible: intentar resolverlo antes de decir nada.

Hay muchas pequeñas incidencias que el propio equipo puede absorber sin consecuencias y que no necesitan convertirse en una conversación con todo el proyecto. Eso también forma parte de gestionar bien.

Pero cuando una situación puede afectar realmente al diseño, al coste, al plazo o a una decisión importante, esperar demasiado mientras intentamos arreglarla suele empeorar las cosas.

Porque a partir de cierto momento el problema deja de ser únicamente técnico y empieza a afectar a la confianza.

Prefiero una conversación incómoda cuando todavía existen varias opciones que una explicación impecable cuando ya no queda ninguna.

Eso no significa comunicar con precipitación ni dramatizar cada dificultad. Significa distinguir qué merece ser compartido, hacerlo con suficiente contexto y asumir con naturalidad aquello que corresponda.

En proyectos largos, la confianza no se construye únicamente cuando todo va bien. También se construye viendo cómo responde cada parte cuando algo deja de funcionar como esperaba.

Y ahí creo que hay algo importante: la fiabilidad no debería significar prometer ausencia absoluta de problemas.

Debería significar que, cuando aparece uno relevante, el equipo es capaz de detectarlo, entenderlo, explicarlo, proponer alternativas y seguirlo hasta que quede realmente resuelto.

Resolver una incidencia también debería mejorar el siguiente proyecto

Una incidencia no termina del todo cuando conseguimos resolverla en obra.

Queda una segunda parte que puede ser incluso más valiosa: entender qué podemos aprender de ella.

Algunos problemas serán difíciles de evitar. Otros, con el tiempo, descubrimos que sí podían haberse anticipado. Quizá faltó una revisión antes de fabricar, una información no llegó a tiempo o el propio procedimiento estaba dejando un punto ciego.

La cuestión no es convertir cada error en un nuevo protocolo ni construir una organización tan obsesionada con prevenir que termine siendo incapaz de moverse. Se trata simplemente de evitar que la experiencia de una obra desaparezca cuando la terminamos.

Una incidencia resuelta en un proyecto puede servir para todos los siguientes. Un problema con un sistema puede cambiar la forma en que lo estudiamos, lo presupuestamos o lo supervisamos a partir de entonces. Una dificultad con un proveedor puede ayudarnos a entender mejor para qué tipo de proyecto encaja y para cuál quizá no.

Parte del criterio de una empresa se construye precisamente así. No porque consiga pasar los años sin encontrarse dificultades, sino porque aprende a reconocerlas antes, resolverlas mejor y no repetir innecesariamente las mismas.

¿Qué significa realmente que una constructora sea fiable?

Todos podemos esperar, legítimamente, que las cosas salgan bien y que no haya sorpresas. La responsabilidad del equipo es trabajar para que así sea, anticipar todo lo posible y evitar que cuestiones previsibles lleguen a convertirse en incidencias.

Pero cuando algo inesperado ocurre, la fiabilidad se mide de otra manera.

Se mide en la rapidez con la que entendemos qué está pasando, en la claridad con la que compartimos sus consecuencias, en la capacidad para asumir responsabilidades cuando corresponden y, sobre todo, en si conseguimos devolver el proyecto a una situación de control.

Porque muchas relaciones profesionales no se consolidan cuando todo ocurre exactamente como estaba previsto. Se consolidan también cuando algo deja de hacerlo y descubrimos cómo responde el equipo.

Los problemas pueden formar parte de una obra. Las sorpresas evitables, la falta de información y mirar hacia otro lado no deberían formar parte de cómo los gestionamos.

Seguir leyendo

¿Tienes un proyecto entre manos? Hablemos antes de construir.

Construcción Precisión Calidad Eficacia Estilo Funcionalidad Experiencia Solidez Detalle Técnica Rapidez Compromiso Diseño Innovación Interiorismo Profesionalidad Calidad Arquitectura Eficacia Estilo Funcionalidad Solidez Rapidez
Construcción Precisión Calidad Eficacia Estilo Funcionalidad Experiencia Solidez Detalle Técnica Rapidez Compromiso Diseño Innovación Interiorismo Profesionalidad Calidad Arquitectura Eficacia Estilo Funcionalidad Solidez Rapidez

¿Alguna pregunta?

Si necesitas que te expliquemos de forma personalizada cómo funciona BeGlobal o cuáles son las ventajas para tu proyecto, uno de nuestros técnicos se pondrá en contacto contigo.

Nuestros horarios

Lunes a jueves de 9h a 18h | Viernes de 8h a 15h

Oficinas en el centro de Barcelona

C/Rosselló 231 principal 1ª | 08008 Barcelona

Datos de contacto

info@beglobal.es 930 385 793

Política de privacidad

Aviso Legal