Una licitación de una reforma integral nos permite comparar el rango económico de varias constructoras, pero difícilmente nos dará por sí sola el precio final del proyecto. Para mí, su verdadero valor está también en observar cómo trabaja cada empresa, qué prioridades tiene, qué preguntas hace y si su estructura y experiencia encajan con el tipo de obra que queremos ejecutar.
¿Por qué tres constructoras pueden dar precios tan diferentes para el mismo proyecto?
Tres constructoras reciben el mismo proyecto. Las tres estudian la misma documentación y presentan sus ofertas.
Una está en 280.000 €. Otra en 330.000 €. La tercera se acerca a 380.000 €.
La primera pregunta es inevitable: ¿cómo puede haber 100.000 € de diferencia si todos han recibido los mismos planos?
La comparación económica sirve. Nos permite situar a cada empresa dentro de un rango y entender si estamos, más o menos, en el mismo nivel de precios.
Pero una licitación no nos da necesariamente el precio final de una obra.
Nos da una primera posición.
Y, sobre todo, nos permite observar algo que para mí es mucho más interesante: qué tipo de empresa tenemos delante y cómo ha llegado hasta esa cifra.
No todas las constructoras están organizadas de la misma manera
Cada empresa constructora responde a una estrategia distinta.
Hay compañías que han concentrado buena parte de su inversión en disponer de mano de obra propia. Otras han construido equipos técnicos especialmente potentes. Algunas están organizadas para diseñar y ejecutar directamente para cliente particular y otras se han especializado en construir proyectos desarrollados previamente por arquitectos o interioristas.
También existen diferencias importantes de tamaño y especialización. Hay constructoras con estructuras muy amplias y otras mucho más ligeras. Algunas trabajan principalmente en oficinas, otras en retail, otras en vivienda y otras combinan diferentes tipologías.
Ninguno de estos modelos es, por definición, mejor o peor.
Normalmente representan las decisiones que los propietarios y equipos directivos de cada empresa han tomado para concentrar sus recursos y ofrecer su mejor respuesta a los proyectos que ejecutan habitualmente.
En una reforma personalizada importa que la experiencia de la constructora encaje con el proyecto
Cuando hablamos de proyectos de reforma personalizados, conviene conocer esa realidad antes de escoger.
Porque no contratamos únicamente un presupuesto.
Contratamos también una estructura, una especialización, una experiencia acumulada y una forma habitual de resolver los problemas.
Una empresa acostumbrada a ejecutar oficinas habrá desarrollado un conocimiento muy valioso sobre los ritmos, sistemas, procesos y soluciones habituales de ese tipo de proyectos.
Una empresa que trabaja de forma recurrente en reformas residenciales singulares habrá acumulado otro tipo de experiencia: cómo se resuelven determinados encuentros, qué tolerancias son razonables, qué nivel de coordinación requieren los elementos hechos a medida o qué decisiones suelen condicionar el acabado final.
No es una cuestión de quién sabe más.
Es una cuestión de qué conocimiento resulta más relevante para el proyecto que tenemos delante.
Cuando aparece la complejidad, cada empresa recurre a aquello que mejor conoce
En una reforma integral la complejidad aparece muy rápido.
Y cuando aparece, cada organización tiende de forma natural a utilizar las personas, los sistemas, los industriales, los procedimientos y las soluciones con los que está acostumbrada a trabajar.
Por eso creo que la especialización importa.
No porque exista una única forma correcta de construir, sino porque la experiencia acumulada condiciona la velocidad con la que identificamos un problema y las herramientas que tenemos disponibles para resolverlo.
¿Qué información podemos obtener durante una licitación además del precio?
Por eso, ante tres presupuestos distintos, cada vez me interesa menos mirar únicamente la última línea del Excel.
Me interesa observar qué ha ocurrido durante el proceso.
La manera de estudiar el proyecto deja muchas pistas.
Podemos observar si la empresa ha profundizado en aquellos trabajos que condicionarán realmente el resultado; si ha detectado zonas todavía poco definidas; si sus preguntas ayudan a entender mejor el proyecto; si propone alternativas constructivas cuando encuentra una oportunidad de mejora o si simplemente acepta la documentación tal como la ha recibido y traslada precios a unas mediciones.
También podemos descubrir qué considera importante.
Algunas empresas invertirán más tiempo en analizar aquello que no se verá una vez terminada la obra pero que condicionará su calidad. Otras pondrán mayor atención en los equipamientos y acabados finales. Habrá enfoques diferentes, coherentes con la experiencia y la estrategia de cada compañía.
Todo eso forma parte de una licitación.
La forma de licitar anticipa en parte cómo trabajará la constructora
Durante las semanas de estudio empezamos también a conocer aspectos que no aparecen en ninguna partida del presupuesto.
Cómo comunica la empresa.
Cómo interpreta una duda.
Qué hace cuando encuentra algo que no entiende.
Si plantea una conversación o simplemente adopta una hipótesis.
Si existe curiosidad real por comprender el proyecto.
Y si su prioridad parece estar en cuidar el proceso y el resultado o, principalmente, en conseguir la adjudicación.
Para mí, esa información puede ser mucho más relevante que la diferencia concreta entre dos partidas.
El precio importa, pero no es lo único que estamos escogiendo
Evidentemente, el precio importa.
Y una licitación es útil porque nos permite comprobar si las empresas que estamos valorando se encuentran dentro de un rango económico razonablemente alineado.
Pero después el precio se puede trabajar.
Podemos establecer un objetivo económico común, estudiar soluciones diferentes y tomar decisiones que permitan acercar el proyecto a ese marco.
Hay otros atributos que resultan bastante más difíciles de incorporar una vez empieza la relación.
La experiencia acumulada, el criterio, la especialización, la capacidad de anticiparse, la comunicación, la confianza o la forma de relacionarse con el resto del equipo ya forman parte de la manera de trabajar de esa organización.
Entonces, ¿cómo comparar constructoras en una licitación de reforma integral?
Si tres empresas reciben los mismos planos y aparecen 100.000 € de diferencia, por supuesto que querría entender de dónde salen.
Pero intentaría aprovechar el proceso para obtener mucha más información que esa cifra.
La licitación puede ayudarnos a descubrir qué tipo de organización tenemos delante, cuál es su especialidad, dónde concentra sus recursos, cómo estudia un proyecto y cómo se relacionará probablemente con cliente, arquitecto o interiorista cuando aparezcan decisiones complejas.
Porque antes de decidir únicamente quién ha presentado el presupuesto más atractivo, me haría una pregunta bastante más importante:
¿Cuál de estas empresas está realmente preparada, por su estructura, experiencia y forma de trabajar, para acompañar este proyecto concreto?



