Un proyecto puede estar perfectamente dibujado y no estar preparado para construirse

Un proyecto de arquitectura o interiorismo no termina necesariamente cuando están definidos los planos, los detalles y los materiales. En proyectos complejos, todavía queda incorporar el conocimiento del cliente, de la constructora y de los industriales que finalmente tendrán que ejecutarlo.

¿Cuándo podemos decir que un proyecto está realmente terminado?

Frecuentemente hablamos de “el proyecto” como aquello que ha realizado el arquitecto o el interiorista.

Y cada vez tengo más dudas de que el proyecto termine ahí.

El arquitecto aporta algo esencial: una idea sobre el espacio.

Las proporciones, la materialidad, la luz, los detalles, las prestaciones… y toda la documentación necesaria para que esa idea pueda ser entendida por los demás.

Pero quizá ese sea precisamente el punto interesante:

cuando la información está suficientemente bien explicada, el proyecto puede empezar a ser compartido.

Cliente, arquitecto, constructora e industriales aportan conocimientos distintos

El cliente incorpora sus prioridades, sus necesidades y también sus límites.

El arquitecto o interiorista aporta el concepto creativo, la definición del espacio y la documentación necesaria para transmitirlo.

Los industriales aportan algo que para mí es indispensable: el conocimiento de cómo fabricar, instalar o ejecutar aquello que se ha diseñado.

Y la constructora tiene que integrar todo lo anterior para definir equipos, sistemas constructivos, secuencias, planificación, coordinación y control económico.

Ahí es cuando el proyecto empieza realmente a madurar.

Quien va a ejecutar una solución también debe participar en cómo se resuelve

Por eso me parece tan importante sentar pronto en la misma mesa a quien ha diseñado algo y a quien finalmente tendrá que ejecutarlo.

Un carpintero puede resolver un mismo elemento de varias maneras.

También un metalista, un marmolista o un instalador.

Como en cualquier oficio, cada maestrillo tiene su librillo.

Y eso no debería verse como un problema.

Al contrario.

Cada proveedor conoce especialmente bien determinados sistemas, materiales, procesos y formas de ejecutar.

Su conocimiento puede aportar soluciones que difícilmente aparecerían únicamente revisando la documentación desde un despacho.

Un mismo detalle puede construirse de varias maneras

En una obra rara vez existe una única forma de ejecutar un elemento.

La cuestión no debería ser encontrar “la única solución correcta”.

La cuestión es explorar cuál de las distintas opciones se integra mejor con el conjunto del proyecto.

Con la arquitectura.
Con las instalaciones.
Con los otros industriales.
Con los tiempos.
Con el presupuesto.
Y con el nivel de calidad que se quiere conseguir.

Muchas de estas respuestas no aparecen simplemente estudiando durante más tiempo un plano.

Aparecen cuando las distintas personas que tienen conocimiento sobre el proyecto empiezan a trabajar sobre el mismo problema.

Del proyecto dibujado al proyecto preparado para ejecutarse

Por eso creo que un proyecto perfectamente documentado todavía puede no estar preparado para construirse.

No porque le falten planos.

Sino porque todavía puede faltarle incorporar el conocimiento de quienes tendrán que convertir esos planos en algo real.

Para mí, el proyecto no termina cuando se entrega la documentación.

En ese momento empieza otra fase igual de importante: poner en común el conocimiento del cliente, del arquitecto o interiorista, de la constructora y de los especialistas que van a ejecutarlo.

El cliente explica qué necesita y cuáles son sus prioridades.

El arquitecto o interiorista protege la intención del proyecto: proporciones, materialidad, iluminación, detalles y prestaciones.

Cada proveedor aporta la mejor manera de afrontar aquello que tendrá que fabricar o instalar.

Y la constructora debe conseguir que todas esas decisiones sean compatibles entre sí y puedan ejecutarse dentro de una planificación y un marco económico.

¿Cuándo está un proyecto preparado para construirse?

Probablemente no cuando ya no quedan preguntas.

En una obra siempre aparecen preguntas.

Está preparado cuando sabemos cuáles son las decisiones importantes, quién tiene el conocimiento necesario para tomarlas y cuándo debemos resolverlas para que el conjunto pueda avanzar.

Cuando todo ese conocimiento empieza a trabajar en la misma dirección, dejamos de tener únicamente un proyecto bien dibujado.

Tenemos un proyecto preparado para construirse.

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